Paso tiempo, mucho tiempo, no recuerdo la última vez que la vi. Pero llegó la primavera, y así como la mayoría de las cosas, en primavera todo toma un brillo especial, un nuevo aire, una nueva esperanza. Y así fue. En una tarde de Octubre, radiante como el sol, ahí estaba nuevamente.
El corazón iba a explotar, en la garganta se formaba un nudo que no dejaba emitir palabra alguna, los ojos se llenaron de lágrimas y la piel fue el síntoma final.
Por fin volvíamos a vernos. Y no era casualidad. El destino así lo quizo. Volvería a estar frente a mis ojos y más de una mirada complice lo confirmaba.
Cuando el vestuario exploto en un grito, me di cuenta que no era un sueño.Y un día volvió... Radiante, Azulgrana, Salus, Salus.
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